domingo, 16 de febrero de 2014

Restaurante Figueira, Sao Paulo

El nombre de este restaurante, debió estar muy claro incluso antes de ser construído. Y es que se emplaza bajo el follaje de una enorme y antiquísima higuera ( Figueira en Portugués).  En la misma entrada del restaurante te encuentras con el enorme tronco de 8 metros de ancho donde suele haber gente sacándose fotos. La segunda reacción es mirar arriba, y aprecias hasta dónde llega el follaje centenario, que alcanza una gran altura... Es fácil imaginar a dinosaurios comiendo frutos de árboles de tamaño similar hace millones de años... y es que las dimensiones y disposición caótica de sus ramas no hacen más que evocar tiempos en los que todo ser vivo era mucho más grande que ahora.

Adentrándote en la terraza, un detalle importante es observar como el restaurante se ha construido con la idea clara de mantener y respetar la higuera. Varias ramas similares a patas de elefante entran y salen por el techo de cristal, y otras, que atraviesan literalmente el comedor por encima de las cabezas de la gente, son sujetadas por estructuras de metal que encajan con la estética del lugar. Antorchas y pequeños setos otorgan un ambiente único y extravagante.


El espacio del comedor de la terraza baila en armonía con la grandiosidad de la higuera, caben, a ojo, cerca de unas 200 personas. Desde la terraza se puede ver el interior del restaurante, donde llaman la atención las cocinas abiertas donde varios pinches crean los platos.

Servicio: El metre, un hombre entrado en años de cara entrañable, nos trató como si fuera un abuelo con sus nietos favoritos. Preguntó de dónde era, estuvo atento a nuestras reacciones con los platos, y nos sacó fotos desde todos los ángulos cuando le pedimos una sóla.  Tuvo que hacer un gran esfuerzo para no reírse cuando uno de nosotros se cayó de la silla y casi se prende fuego a la camisa  con una antorcha... su reacción fue ejemplar.  Los platos no tardaron en venir, pero por si acaso, nos habían obsequiado con varios entrante gratuitos.

Comida: Mis acompañantes, nativos Brasileiros, me recomendaron comer pescado así que les hice caso. Comí un pez de río que sólo hay en Brasil, el Tambaqui. Un camarero se puso a mi lado y procedió a quitarlo las espinas y la piel, y prepararlo a mi gusto, sólo pedí limón y un toque ligero de pimienta fresca. Estaba delicioso, se notaba fresco y lleno de sabor, con una textura muy agradable. De beber pedí una caipiroska, que estaba fresquísima.

Precio: Salimos a unos 45€ por persona. 

Conclusión: Un lugar de lujo para cenar en Sao Paulo, dónde la experiencia estética, gracias a la enorme higuera y la armonía de la construcción a su alrededor, y gastronómica, gracias al buen servicio y calidad de los platos que comí, garantizan que volveré en mi próximo viaje. Esta vez probaré la carne. 

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